De regreso a las bases

Si un día te pasa que, metido en la vorágine del mundo, el norte no parece tan claro, no te preocupes, a todos nos pasa.

Estamos vivos, eso es lo que sucede, y estarlo implica el fluctuar, incluye experimentar, practicar, retroceder a veces, volver a avanzar. La vida no es un camino en línea recta. Planificamos, organizamos, proyectamos, eso está perfecto! El tener un futuro nos impulsa a caminar, pero el ser flexibles a las circunstancias mientras vamos viviendo nos convierte en verdaderos maestros de nosotros mismos.

Una vez me dijeron que lo peor que puede pasarnos es no cambiar nunca, lo pensaste? Que sería de nosotros si fuéramos los mismos de hace 5 años atrás? o 15?

Nuestra evolución personal está íntimamente ligada a nuestra capacidad de danzar, llevando en una mano la música de los acontecimientos y en la otra nuestra capacidad de generar, de crear nuevas circunstancias. Este equilibrio es lo que nos mantiene en ritmo y equilibrio con la vida misma.

Pero si te ves perdido o dudando, tomate un tiempo, chiquito, solo tuyo, íntimo, para recordar que fue eso que te llevó hasta donde estas hoy y cómo lograste hacerlo. Recuperar las bases, regar de vez en cuando las raíces nos fortalece.

Humanicemos el camino, seamos falibles, tenemos permiso, no pasa nada.

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Estados nuevos

Cuando la vida nos propone desafíos, muchas veces, llegamos a encrucijadas que nos exponen a realizar cambios sustanciales, a dejar ir la vieja versión de nosotros para renacer en un nuevo estado.

Si bien la elasticidad corporal suele ser la más visible, es la flexibilidad de la mente la que nos permite fluctuar y danzar al ritmo del oleaje cotidiano.

Reconocer la necesidad interna de la reflexión, o simplemente permitirnos tomar la distancia necesaria para ver mejor son elementos que suelen ser minimizados o vividos con culpa porque nadie nos enseña a bajarnos del mundo y observar. Pero saben qué? Se puede! y está buenísimo! El mundo sigue con o sin nosotros, esa certeza nos llega de la mano del vértigo y muchas veces también del miedo… acaso no somos necesarios? Pues claro que lo somos, cada uno de nosotros es irreemplazable, pero nadie es imprescindible.

Por este motivo es que debemos darnos permiso y tomar los paréntesis que necesitemos para regresar renovados, con una nueva energía, con una visión limpia y fresca.

La vida es cíclica, circular, todo comienza, crece, termina y vuelve a empezar.

Les aseguro que vale la pena intentarlo.

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El estado interno

Es muy loco pensar cómo pueden influir las palabras de los demás en nuestras acciones cotidianas.

Tenía freezado este blog simplemente porque alguien me había dicho ” te la pasas publicando lo que te pasa”… eso dolió profundamente porque nunca había pensado que escribir y compartir podía afectar tanto a otros. Siempre lo hice como parte de mi proceso de expresión, como un canal de procesamiento donde las ideas, los sentimientos y la mente lograban encontrarse, ponerse en orden y acomodarse plácidamente dándole sentido a la vorágine de pensamientos y emociones que, desde que tengo memoria, me han acompañado.

En fin, este paréntesis expresivo no ha sido en vano. Las cosas nunca suceden por casualidad. La introspección es, muchas veces, un acto vital de supervivencia imposible de evitar y por el cual es necesario transitar con toda la paciencia y el amor infinitos que podamos darnos a nosotros mismos.

Los procesos de renacimiento son parte de la vida misma. Nacimiento, crecimiento, destrucción, regreso y evolución se suceden de forma constante mientras el corazón pulse y aún después (al menos eso es lo que creo firmemente desde muy pequeña).

Entonces, porque no me iba a suceder a mí también? o, mejor dicho, para qué me sucedía esta vez? Los procesos internos nos llenan de preguntas, nos enfrentan a nuestros miedos más básicos, nos volvemos elementales y complejos al mismo tiempo. Cómo? Porqué? hacia dónde? Podré? Para qué? En medio de la tormenta es mejor seguir navegando sin cuestionarse demasiado, por lo menos hasta comenzar a vislumbrar la orilla o un poquito de sol.

Dicen que el momento más oscuro de la noche es justo antes de amanecer. Esa frase regresa a mi mente cada vez que la vida me enfrenta a alguna de estas circunstancias.

Algunas cosas que aprendí en este proceso es que hay que aprender a escucharse dentro del silencio, a darse permiso sin culpas, a perdonarse por no ser perfectos, a permitirse SER, a pedir ayuda sin menospreciarse por eso, a recibir amorosamente sin creer que eso genera siempre una deuda, a decidir. Aprendí sobre la humildad y la entrega, sobre la sinceridad brutal, sobre la humanidad, sobre el desapego, sobre el dolor del alma que es más profundo que el de la carne, sobre la auto compasión sin lástima, sobre la aceptación.

El camino es larguísimo, estos son apenas unos pasos dentro de los ciclos vitales, ver la vastedad me ayudó a darle a todo una dimensión más justa. Nada es tan trágico ni tan definitivo, la capacidad de supervivencia del ser humano es maravillosa, hay que aprender a confiar y trabajar a diario por ser un cachito más amorosos con nosotros mismos y con los demás.

Bienvenida esta nueva etapa, ni siquiera yo se hacia dónde me llevará este camino, pero abro los brazos y abrazo la vida, estoy preparada para seguir caminando. FB_IMG_1441487356424

 

Sanar – Jorge Drexler

 

Pokito a Poko – Chambao

 

 

 

El “buen” yoga y el no tanto.

Suena extraño, verdad?  ¿Cómo es eso, el yoga no era siempre bueno? ¿Es posible categorizarlo de esa  forma? A ver, vayamos limpiando el panorama.

“A veces nos desilusionamos porque no vemos progreso en la práctica, porque no pasa nada fuera de lo normal, porque nuestras experiencias no corresponden a lo que hemos oído o leído de las vivencias de otros. Pero es precisamente en la aceptación de esta realidad ordinaria “tal como es”, en dejar de perseguir resultados mágicos, que se halla la profunda sabiduría del camino que lleva a la liberación del sufrimiento.”

—Iván Densho Quintero (Colombia, 1961–)

Ahora sí vamos entrando en tema.

Nos la pasamos viendo fotos de gente bellísima y estilizada, haciendo poses maravillosas y complicadas que no hacen más mostrarnos cuanta destreza acrobática tienen, pero nada tiene eso que ver con la esencia real de la práctica yóguica. Por supuesto existe el acroyoga que apunta a eso, pero no se trata del yoga en sí mismo sino de una de las tantas ramificaciones del yoga real.

Para la gran mayoría de las personas, éstas imágenes no hacen más que acobardar a quien recién comienza o incluso pueden llegar a minar la voluntad de quien no tiene “el cuerpo perfecto” para realizar las asanas con facilidad.

Entonces te cuento que el yoga no se trata de realizar proezas ni de romperse los ligamentos ni de lograr algo extraordinario, sino más bien del camino que nos lleva a dar un pasito a la vez, el tránsito, la práctica es yoga, no su resultado. Este llegará cuando sea el momento y a cada persona le tocará e una forma particular y única. La evolución dentro de la práctica del yoga es algo PERSONAL y UNICO, por lo que es imposible estarnos comparando con otros.

Una de las cosas más hermosas que aprendí con mi maestra Olga es la práctica con los ojos cerrados. Esto nos ayuda a meternos mucho más adentro, a profundizar en nosotros y no perdernos comparando con lo que hace el vecino de clase. Entonces se consigue algo maravilloso, se pierde la vergüenza y ya no competimos con nadie, ni siquiera con nosotros mismos, entonces comenzamos a crecer con nuestro propio ritmo.

El yoga es sinceridad con nosotros mismos, es flexibilidad mental (la corporal llega después), es aceptación para poder evolucionar desde un lugar real, es no competencia (tampoco con nosotros mismos), es amor por nuestro cuerpo y alma, es autoconocimiento, es no sufrir ni lastimarse, es tratarse con amor para lograr que el cuerpo nos vuelva a reconocer, es recuperar las movimientos iniciales de la vida sin forzar nada.

Por ejemplo, hoy me siento con las piernas extendidas y luego de preparar bien el cuerpo intento tocarme la punta de los pies con mis manos (paschimottanasana) entonces me doy cuenta que esta vez llego sólo a los tobillos, ¿qué puedo hacer? ¿Dejo de practicar pensado que el yoga no es para mí? – y ´si, mañana mejor ni vengo a clase, si total no me sale nada … ¿te suena? y si encima miro a mi compañero de clase que llega fácilmente como si fuera de goma, ¿cómo me siento? ¿Pienso que nunca lo lograré? Todo esto sucede muy a menudo en una clase regular. Es en ese momento donde el instructor debe empoderar amorosamente a cada practicante, alentando la relajación (es el secreto de la flexibilidad),  promoviendo la constancia y la confianza.

Imaginen lo que pasa entonces cuando alguien encuentra a cada rato publicaciones de personas hermosas, delgadas haciendo poses acrobáticas en medio de una playa paradisíaca! No resulta muy estimulante ni empoderador, más bien parece que estamos miles de km de distancia de esa imagen de pseudo perfección.

Cada SER es perfecto en su unicidad, cada persona es maravillosa en su particularidad, explorar, cuidar y evolucionar es un arte que cada uno debe transitar de forma única, por eso nunca nos debemos comparar con nadie ni pensar que no somos lo suficientemente bonitos, o delgados, o flexibles o jóvenes para practicar yoga.

El yoga es amplio, de hecho su significado primordial es la unión del cuerpo, la mente y el espíritu, pero para que lo sea realmente y deje de ser un concepto abstracto debemos dejar de lado las formas marketineras de las revistas para darnos cuenta que es una práctica que nos puede abrazar a todos si le damos la posibilidad de ser inclusivos y que esto sea así siempre depende de nosotros.

El yoga es para todos!

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Sobre nosotros y los otros

 

Observando me doy cuenta cuan cargados estamos de prejuicios. Todos parecemos tener la receta para hacer las cosas mejor que el vecino, es más, todos tenemos opiniones, juzgamos, señalamos con el dedo acusador y decimos “esto a mí no me va a pasar” o “que bol…., cómo no se da cuenta?”

Tan llenos estamos de la vida del otro que nos olvidamos de la propia. De mirarnos al espejo, o lo que es peor, nos vemos con tantos filtros que la idea que tenemos de nosotros mismos dista kilómetros de quienes en verdad somos. Pensalo en silencio, cuántas veces te descubriste hablando sobre la vida del otro o juzgándolo? y Seguro tenías la fórmula mágica para resolverle la vida verdad?

Será que hacernos cargo de nuestra vida y de nuestras elecciones requiere una gran dosis de responsabilidad. Claro, es mucho más simple mirar afuera y decir cómo deberían haberse hecho las cosas (que por supuesto siempre es diferente de como se hicieron en realidad).

La cultura del miedo y la culpa ya nos ha hecho demasiado daño. Las diferentes religiones nos han llevado por el camino de “eso no se hace porque serás castigado o irás al infierno” en lugar de enseñarnos a amar y amarnos de modo que sea natural el pensar que “dañar a otros es dañarnos a nosotros mismos” o “eso se puede hacer mejor” o “eso puede perjudicar a otros, hay otras formas de hacerlo, incluso es posible evitarlo o cambiarlo” o mostrarnos que errar es humano y que el problema no está en equivocarse sino en que hacemos luego con esto.

También sucede que muchos han tenido padres a la antigua, que quizá por falta de recursos mejores, han elegido una crianza a base de silencios dolorosos, castigos “ejemplares”, golpes, faltas de respeto (sí, el respeto es algo que uno se gana, no se impone, hacerlo ya es de por sí una falta del mismo), siempre justificándose detrás de “lo hago por tu bien”, sembrando en nuestras mentes la idea de que está bien sufrir si me equivoco, que merezco el castigo. Por supuesto, en la mayoría de los casos nos transformamos luego en castigadores.

Nadie nos enseña que del error se aprende, que es posible cambiar y mejorar, que nadie nace con intenciones de hacer daño a otros o lastimarse a sí mismo. Que el respeto y amor son fruto del amor y del respeto recibidos, que jamás pueden ser impuestos por culpa o miedo. El instinto de supervivencia existe desde nuestros primeros instantes en este mundo. Al nacer somos amor absoluto y puro, todo lo demás llega y nos modela con el tiempo.

Cuando tomamos consciencia de nuestra responsabilidad nos hacemos libres, rompemos las cadenas de las viejas fórmulas y comenzamos a respirar livianos, seguros. Cada paso que damos se hace inmenso.

Es hora de dejar atrás la culpa y el miedo, sin enojos, sin rencores, cada uno de nosotros es fruto de una historia y cada quién ha hecho lo mejor que pudo. Por eso, es momento de agradecer todo lo que hemos aprendido de ellos para empezar a hacernos cargo.

 

Sobre la temporalidad y el apego

“desgraciado el que no haya mamado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte se lo arrebatará todo. Amad a las almas y las volvereís a encontrar.” Víctor Hugo.

 

Pequeño detalle, no les parece? amar la esencia para convertirnos en inmortales, en infinitos.

Tanto tememos a la muerte que, muchas veces, pensando en el final del camino (si eso realmente existe, pero bueno, es tema para otro artículo), no nos damos cuenta que nos olvidamos de vivir, de nutrirnos y fundirnos con la vida, de experimentar; de tal forma que ese instante simplemente nos transforme y nos regrese al infinito, que no es más que nuestra verdadera esencia.

Nos apegamos a las formas con la sed de llenar vacíos, espacios que  sentimos como abismos y preferimos navegar en la superficie, llegando en muchos casos a una devoción inexplicable por cosas tan volubles como banales: el cuerpo físico, el status, dinero, otras personas, olvidando que cuando dependemos de cualquier cosa que sea impermanente estamos garantizando nuestro propio sufrimiento.

Por supuesto, estar vivos y relacionados es recibir influencia, lo que nos rodea nos afecta siempre de una u otra forma, pero si dejamos nuestra felicidad o equilibrio en manos de esas cosas que cambian, de energías cíclicas o incluso de otra persona, estamos perdiendo potestad, libertad y autonomía.

Cómo puedo hacer para trascender esta dependencia? El primer paso es reconocer aquello a lo que me apego o uso como bastón emocional. Lo identifico, lo observo, le doy las gracias por todo lo que me ha servido hasta ese momento y lo dejo ir con amor. El secreto para soltar un apego es hacerlo con amor y agradecimiento, nunca con enojo o resentimiento ya que las emociones negativas tienen el poder de mantenernos atados. Aquello que nos enoja nos esclaviza. Que esto nos suceda no es algo malo, simplemente estamos buscando vivir y sobrevivir de la mejor forma que podemos, usando los recursos que tenemos en este momento y esto es perfectamente válido. Una cosa importante a tener en cuenta, debemos tratar de no enojarnos ni castigarnos al darnos cuenta que dependemos de algo o alguien, identificarlo es parte de reconocernos a nosotros mismos y eso no debe ser punido porque es parte de nuestro crecimiento.

Qué pasa si reconozco un apego y no me siento capaz de dejarlo? pues nada! al menos ahora lo sé y eso me ayudará a trabajarlo algún día si eso deseo. Recordemos que las cosas suceden en el instante adecuado, ni antes ni después y todo tiene un motivo, una razón de ser. Conocerse, aceptarse, tenerse paciencia y ser amorosos con nosotros mismos es lo más importante.

Cuando nos reconocemos en nuestro verdadero SER nos damos cuenta que ya no necesitamos atarnos a los apegos sino que, en cambio, nuestras elecciones se transforman en conscientes y voluntarias, que es muy diferente.

Puente o destino?

A lo largo de nuestras vidas conocemos infinidad de personas. Al principio, cada nueva persona llega con una carga nueva de experiencias e historias personales. Familiares, amigos, compañeros de trabajo o estudio, parejas, vecinos; en la calle, en cada esquina, momento o lugar existe la posibilidad de cruzarse con alguien.

Cada una de ellas tiene el potencial de transformarnos aún de una forma mínima. Incluso por unos minutos apenas. Este cambio, por más pequeño que sea, nos modifica de algún modo. Estas variaciones sucesivas a lo largo de tiempo nos van modelando haciendo de nosotros quienes somos en este mismo momento.

Algunas personas influyen tanto con su presencia que podemos identificar perfectamente ese instante donde se produce el cambio como un antes y después en nuestras vidas. A través de una experiencia compartida, sin importar en este caso si es positiva o negativa, esta persona nos modifica tanto, sin hacerlo de forma consciente, por supuesto, que ya nada será igual que antes.

De todas estas personas podemos hacer dos clasificaciones, existen las personas puente y las personas destino. Qué significa esto?

Las personas PUENTE son aquellas que llegan a nuestra vida para cumplir algún propósito, y no hablo de usar a nadie, sino de ese cambio nunca se hubiera producido sin este encuentro de caminos. Estas personas tendrán una presencia temporal en nuestras vidas que finalizará cuando este objetivo haya sido cumplido. Qué quiero decir? Una persona PUENTE es esa personas que conocemos (puede ser incluso una pareja) que nos llevará de un lado al otro del puente a través de su impulso e influencia, nos tomará de su mano ayudándonos a cruzar a la otra orilla de nuestra vida con su existencia. Nos hará cambiar, trasladar y modificará de alguna forma permanente o transitoria pero necesaria para nuestra evolución, Cuando ya lo hayan hecho,simplemente se irán de forma natural ya que la única razón de ser en nuestro vida era el de ayudarnos a cruzar el puente de nuestro crecimiento. No hay forma que una persona puente se quede con nosotros más del tiempo necesario. Se trata de relaciones o vínculos que no se pueden forzar, nacen, evolucionan y desaparecen (puede ser una pelea o simplemente el hecho de seguir caminos diferentes) porque esas personas llegan a nuestra vida para ser nuestro puente de crecimiento y transmutación.

Las personas DESTINO, en cambio, son esas que llegan para quedarse. Las que cuando llegan permanecerán y nos transformarán a diario con su existencia. Ellas seguirán a nuestro lado sin buscarlo porque su razón es crecer y evolucionar juntos. Son relaciones cíclicas, personas que siguen de alguna forma vinculadas a nosotros y que con su existencia nos invitan o empujan constantemente a avanzar, según el caso.

De esta forma podemos comprender porque algunas personas ya no están cerca de nosotros y porque otras siguen estando todavía en nuestras vidas.

Cómo puedo saber qué tipo de persona estoy conociendo? pues nunca se sabe! Es imposible identificar si alguien que conocemos es una persona PUENTE o DESTINO. Incluso nosotros mismos somos puente o destino de alguien más.

Entonces, más allá del rol que nos proponga el camino, lo que de verdad importa es poner el corazón en cada momento, para que sea lo que tenga que ser y eso sea lo mejor posible.

el regalo
Alguien a quien amé alguna vez, me dio una caja llena de oscuridad. Me tomó años darme cuenta que eso también era un regalo.