El “buen” yoga y el no tanto.

Suena extraño, verdad?  ¿Cómo es eso, el yoga no era siempre bueno? ¿Es posible categorizarlo de esa  forma? A ver, vayamos limpiando el panorama.

“A veces nos desilusionamos porque no vemos progreso en la práctica, porque no pasa nada fuera de lo normal, porque nuestras experiencias no corresponden a lo que hemos oído o leído de las vivencias de otros. Pero es precisamente en la aceptación de esta realidad ordinaria “tal como es”, en dejar de perseguir resultados mágicos, que se halla la profunda sabiduría del camino que lleva a la liberación del sufrimiento.”

—Iván Densho Quintero (Colombia, 1961–)

Ahora sí vamos entrando en tema.

Nos la pasamos viendo fotos de gente bellísima y estilizada, haciendo poses maravillosas y complicadas que no hacen más mostrarnos cuanta destreza acrobática tienen, pero nada tiene eso que ver con la esencia real de la práctica yóguica. Por supuesto existe el acroyoga que apunta a eso, pero no se trata del yoga en sí mismo sino de una de las tantas ramificaciones del yoga real.

Para la gran mayoría de las personas, éstas imágenes no hacen más que acobardar a quien recién comienza o incluso pueden llegar a minar la voluntad de quien no tiene “el cuerpo perfecto” para realizar las asanas con facilidad.

Entonces te cuento que el yoga no se trata de realizar proezas ni de romperse los ligamentos ni de lograr algo extraordinario, sino más bien del camino que nos lleva a dar un pasito a la vez, el tránsito, la práctica es yoga, no su resultado. Este llegará cuando sea el momento y a cada persona le tocará e una forma particular y única. La evolución dentro de la práctica del yoga es algo PERSONAL y UNICO, por lo que es imposible estarnos comparando con otros.

Una de las cosas más hermosas que aprendí con mi maestra Olga es la práctica con los ojos cerrados. Esto nos ayuda a meternos mucho más adentro, a profundizar en nosotros y no perdernos comparando con lo que hace el vecino de clase. Entonces se consigue algo maravilloso, se pierde la vergüenza y ya no competimos con nadie, ni siquiera con nosotros mismos, entonces comenzamos a crecer con nuestro propio ritmo.

El yoga es sinceridad con nosotros mismos, es flexibilidad mental (la corporal llega después), es aceptación para poder evolucionar desde un lugar real, es no competencia (tampoco con nosotros mismos), es amor por nuestro cuerpo y alma, es autoconocimiento, es no sufrir ni lastimarse, es tratarse con amor para lograr que el cuerpo nos vuelva a reconocer, es recuperar las movimientos iniciales de la vida sin forzar nada.

Por ejemplo, hoy me siento con las piernas extendidas y luego de preparar bien el cuerpo intento tocarme la punta de los pies con mis manos (paschimottanasana) entonces me doy cuenta que esta vez llego sólo a los tobillos, ¿qué puedo hacer? ¿Dejo de practicar pensado que el yoga no es para mí? – y ´si, mañana mejor ni vengo a clase, si total no me sale nada … ¿te suena? y si encima miro a mi compañero de clase que llega fácilmente como si fuera de goma, ¿cómo me siento? ¿Pienso que nunca lo lograré? Todo esto sucede muy a menudo en una clase regular. Es en ese momento donde el instructor debe empoderar amorosamente a cada practicante, alentando la relajación (es el secreto de la flexibilidad),  promoviendo la constancia y la confianza.

Imaginen lo que pasa entonces cuando alguien encuentra a cada rato publicaciones de personas hermosas, delgadas haciendo poses acrobáticas en medio de una playa paradisíaca! No resulta muy estimulante ni empoderador, más bien parece que estamos miles de km de distancia de esa imagen de pseudo perfección.

Cada SER es perfecto en su unicidad, cada persona es maravillosa en su particularidad, explorar, cuidar y evolucionar es un arte que cada uno debe transitar de forma única, por eso nunca nos debemos comparar con nadie ni pensar que no somos lo suficientemente bonitos, o delgados, o flexibles o jóvenes para practicar yoga.

El yoga es amplio, de hecho su significado primordial es la unión del cuerpo, la mente y el espíritu, pero para que lo sea realmente y deje de ser un concepto abstracto debemos dejar de lado las formas marketineras de las revistas para darnos cuenta que es una práctica que nos puede abrazar a todos si le damos la posibilidad de ser inclusivos y que esto sea así siempre depende de nosotros.

El yoga es para todos!

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Sobre nosotros y los otros

 

Observando me doy cuenta cuan cargados estamos de prejuicios. Todos parecemos tener la receta para hacer las cosas mejor que el vecino, es más, todos tenemos opiniones, juzgamos, señalamos con el dedo acusador y decimos “esto a mí no me va a pasar” o “que bol…., cómo no se da cuenta?”

Tan llenos estamos de la vida del otro que nos olvidamos de la propia. De mirarnos al espejo, o lo que es peor, nos vemos con tantos filtros que la idea que tenemos de nosotros mismos dista kilómetros de quienes en verdad somos. Pensalo en silencio, cuántas veces te descubriste hablando sobre la vida del otro o juzgándolo? y Seguro tenías la fórmula mágica para resolverle la vida verdad?

Será que hacernos cargo de nuestra vida y de nuestras elecciones requiere una gran dosis de responsabilidad. Claro, es mucho más simple mirar afuera y decir cómo deberían haberse hecho las cosas (que por supuesto siempre es diferente de como se hicieron en realidad).

La cultura del miedo y la culpa ya nos ha hecho demasiado daño. Las diferentes religiones nos han llevado por el camino de “eso no se hace porque serás castigado o irás al infierno” en lugar de enseñarnos a amar y amarnos de modo que sea natural el pensar que “dañar a otros es dañarnos a nosotros mismos” o “eso se puede hacer mejor” o “eso puede perjudicar a otros, hay otras formas de hacerlo, incluso es posible evitarlo o cambiarlo” o mostrarnos que errar es humano y que el problema no está en equivocarse sino en que hacemos luego con esto.

También sucede que muchos han tenido padres a la antigua, que quizá por falta de recursos mejores, han elegido una crianza a base de silencios dolorosos, castigos “ejemplares”, golpes, faltas de respeto (sí, el respeto es algo que uno se gana, no se impone, hacerlo ya es de por sí una falta del mismo), siempre justificándose detrás de “lo hago por tu bien”, sembrando en nuestras mentes la idea de que está bien sufrir si me equivoco, que merezco el castigo. Por supuesto, en la mayoría de los casos nos transformamos luego en castigadores.

Nadie nos enseña que del error se aprende, que es posible cambiar y mejorar, que nadie nace con intenciones de hacer daño a otros o lastimarse a sí mismo. Que el respeto y amor son fruto del amor y del respeto recibidos, que jamás pueden ser impuestos por culpa o miedo. El instinto de supervivencia existe desde nuestros primeros instantes en este mundo. Al nacer somos amor absoluto y puro, todo lo demás llega y nos modela con el tiempo.

Cuando tomamos consciencia de nuestra responsabilidad nos hacemos libres, rompemos las cadenas de las viejas fórmulas y comenzamos a respirar livianos, seguros. Cada paso que damos se hace inmenso.

Es hora de dejar atrás la culpa y el miedo, sin enojos, sin rencores, cada uno de nosotros es fruto de una historia y cada quién ha hecho lo mejor que pudo. Por eso, es momento de agradecer todo lo que hemos aprendido de ellos para empezar a hacernos cargo.

 

Sobre la temporalidad y el apego

“desgraciado el que no haya mamado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte se lo arrebatará todo. Amad a las almas y las volvereís a encontrar.” Víctor Hugo.

 

Pequeño detalle, no les parece? amar la esencia para convertirnos en inmortales, en infinitos.

Tanto tememos a la muerte que, muchas veces, pensando en el final del camino (si eso realmente existe, pero bueno, es tema para otro artículo), no nos damos cuenta que nos olvidamos de vivir, de nutrirnos y fundirnos con la vida, de experimentar; de tal forma que ese instante simplemente nos transforme y nos regrese al infinito, que no es más que nuestra verdadera esencia.

Nos apegamos a las formas con la sed de llenar vacíos, espacios que  sentimos como abismos y preferimos navegar en la superficie, llegando en muchos casos a una devoción inexplicable por cosas tan volubles como banales: el cuerpo físico, el status, dinero, otras personas, olvidando que cuando dependemos de cualquier cosa que sea impermanente estamos garantizando nuestro propio sufrimiento.

Por supuesto, estar vivos y relacionados es recibir influencia, lo que nos rodea nos afecta siempre de una u otra forma, pero si dejamos nuestra felicidad o equilibrio en manos de esas cosas que cambian, de energías cíclicas o incluso de otra persona, estamos perdiendo potestad, libertad y autonomía.

Cómo puedo hacer para trascender esta dependencia? El primer paso es reconocer aquello a lo que me apego o uso como bastón emocional. Lo identifico, lo observo, le doy las gracias por todo lo que me ha servido hasta ese momento y lo dejo ir con amor. El secreto para soltar un apego es hacerlo con amor y agradecimiento, nunca con enojo o resentimiento ya que las emociones negativas tienen el poder de mantenernos atados. Aquello que nos enoja nos esclaviza. Que esto nos suceda no es algo malo, simplemente estamos buscando vivir y sobrevivir de la mejor forma que podemos, usando los recursos que tenemos en este momento y esto es perfectamente válido. Una cosa importante a tener en cuenta, debemos tratar de no enojarnos ni castigarnos al darnos cuenta que dependemos de algo o alguien, identificarlo es parte de reconocernos a nosotros mismos y eso no debe ser punido porque es parte de nuestro crecimiento.

Qué pasa si reconozco un apego y no me siento capaz de dejarlo? pues nada! al menos ahora lo sé y eso me ayudará a trabajarlo algún día si eso deseo. Recordemos que las cosas suceden en el instante adecuado, ni antes ni después y todo tiene un motivo, una razón de ser. Conocerse, aceptarse, tenerse paciencia y ser amorosos con nosotros mismos es lo más importante.

Cuando nos reconocemos en nuestro verdadero SER nos damos cuenta que ya no necesitamos atarnos a los apegos sino que, en cambio, nuestras elecciones se transforman en conscientes y voluntarias, que es muy diferente.

El respeto nuestro de cada día

Bueno, lo planteo de este modo: porque ponemos tanta energía en querer convencer a alguien? porqué estamos tan empecinados en que los demás vean, piensen y actúen como nosotros? acaso creemos que los otros no son capaces de hacerlo igual o inclusive mejor?

El intenso buscar que nos den la razón simplemente habla mucho más sobre nosotros que acerca de los demás. Muestra nuestro miedo y falta de confianza en su libre albedrío es una falta de respeto a su criterio y una falta de reconocimiento a las experiencias de vida que lo han llevado a proceder de una forma diferente a la nuestra.

Las personas nos vamos conformando a través de las pequeñas partes que tomamos de cada experiencia que nos toca vivir. Nos pasamos la vida creyendo que somos independientes, pero en realidad, estamos sujetos infinidad de influencias de las que no somos conscientes pero que todos modos nos hacen ser quienes somos. Nuestra personalidad, ideología, la forma que nos relacionamos con los demás y con el mundo, el modo de expresarnos, como actuamos ante una u otra situación, nuestra perspectiva de la realidad, etc.

Pretender que los demás vean piensen o actúen como lo haríamos nosotros es simplemente imposible.

Qué pasaría si fuera al revés? digo, si fuera el otro quien nos impusiera sus ideas, modos o pensamientos? pues no sería justo verdad? igual nosotros con los demás.

No tengamos miedo a lo diferente, a la amplitud, a las opciones, a la diversidad. En una época donde cada SER es un mundo y al mismo tiempo estamos interconectados, las diferencias potencias habilidades y las visiones distintas amplían el escenario, por lo que una buena opción sería la de ayudarnos a ser libres, a ser responsables de nuestras elecciones y acciones.

El acto de amor más grande, lo mejor que podemos hacer por el otro es respetarlo, permitir que haga su camino personal, acompañándolo con amor y generosidad, simplemente permitiéndole ser quien es.

Lore

mundo

Sobre la oscuridad y regalos inesperados

Solemos creer que es mejor evitar las experiencias negativas y si atravesamos por ellas, muchas veces intentamos por todos los medios de olvidar. Muchos inclusive llegamos al estado de negación hasta el punto de nunca más hablar del tema, como si mágicamente no hablar hiciera desaparecer aquello que nos provoca dolor.

El tiempo hace lo suyo, transformando los recuerdos, modificándolos según nuestros filtros para poder continuar con nuestras vidas. Eso se llama adaptabilidad emocional. Seguramente, aquello que recordemos no será del todo fiel a lo sucedido realmente, sino a nuestra percepción personal ya que nuestro inconsciente irá adaptando ese recuerdo hasta hacerlo tolerable para nosotros.

Pero, cada experiencia, cualquiera sea su naturaleza, es parte de nosotros, nos conforma, nos va modelando. Somos construidos por las experiencias atravesadas a lo largo de nuestra vida.

Cuando establecemos relaciones que nos dañan, solemos pensar que “hubiera sido mejor no conocerlo/a” o nos culpamos “como pude permitir que esto me sucediera” o “no merecía pasar por eso”… pero, reflexionemos acerca de lo que realmente importa: HOY seríamos nosotros quienes somos sin haber tenido esa experiencia previa? seguramente no.

Si somos capaces de no anclarnos en la pena por nosotros mismos, nos miramos con ojos compasivos, amables, sin autocastigos o culpas, podemos ver que, incluso en nuestros peores momentos, hemos logrado sobreponernos y hemos seguido caminando. Quizá ya no siendo las mismas personas, eligiendo otros senderos, otros espacios, seguramente hemos cambiado rumbo y norte, nos hemos transformado.

Se puede llegar al mismo lugar sin dolor o tristeza? claro que sí, para eso es que trabajamos a diario sobre nosotros mismos, simplemente las cosas que suceden y nos suceden muchas veces no dependen de nosotros absolutamente, entonces es ahí donde lo que nos queda es observar, decantar, metabolizar y continuar.

Del dolor aprendemos sobre nuestras fuerzas, crecemos. De la desilusión aprendemos a cuidarnos. Del abandono nos hacemos independientes, de la soledad nos hacemos fuertes por dentro, del desamor aprendemos a valorarnos. De la pérdida aprendemos a soltar, de la diferencia descubrimos nuevas opciones. De la indiferencia descubrimos nuestras capacidades ocultas, de las injusticias reconocemos el valor de la justicia.

La vida no es una línea recta, desde el día que nacemos, la única cosa segura es que no existen las garantías.

La elección es nuestra, puedo ponerme a llorar por los rincones, sintiendo pena por mí mismo, resintiéndome con la vida o puedo usar cada piedra del camino para construir un puente, ese que me lleve directo a ser cada día mejor.

Lore

“Alguien a quien amé alguna vez, me dio una caja llena de oscuridad.

Me tomo años darme cuenta que eso, también había sido un regalo”

“Alguien a quien amé alguna vez, me dio una caja llena de oscuridad. Me tomo años darme cuenta que eso, también había sido un regalo”

Otoño

Las estaciones del año, por lo menos en este lado del mundo, se hacen notar de una forma bien marcada, te diría espectacular. Como si la naturaleza se empeñara en decirte que es hora de ir preparando el poncho, que se te puede caer un poco más el pelo, que tu cuerpo seguro va a pedirte más calorías … y si, la llegada del otoño es una época de preparación, de reserva, de desapego.

Amarillos, marrones, dorados, naranjas, quien dijo que el otoño podía ser solamente gris?

Y la lluvia! pero que linda y romántica! paraguas, botas, una se mete esas cosas tan bonitas que jamás hubiera pensado, la lluvia es perfecta para usar excusas!

No sé a ustedes, pero el otoño me está empezando a gustar más que antes, no se si es el paso del tiempo o que me he vuelto un poco más observadora, simplemente me doy cuenta que estoy rodeada de maravilla y que estoy dispuesta a disfrutarla.

Lore

otoño

El valor de los Instantes

Giudichiamo un giorno bello e un giorno brutto perché abbiamo dimenticato il valore di ogni istante. (Maharaji)

Juzgamos un día como bueno o un día malo cuando hemos olvidado el valor de cada instante. (Maharaji)

La vida está hecha de instantes …

Una llamada inesperada, el olor del café por la mañana, un abrazo sorpresa, el aroma del otoño cuando cae el sol, sentir la voz de mis viejos, ver la sonrisa de mi hija, encontrar algo perdido, comer algo rico, una caminata, los limoneros en flor, dormir haciendo moños con las piernas del otro, el sonido de la lluvia, despertarme y descubrir que tengo 5 minutos más, el aires fresco acariciándome la cara, cocinar, estudiar, pintar, trabajar, el aprendizaje de saber esperar hasta ver mis cactus florecer, el olor a sopa los días de invierno, los besos dulces e infinitos de mi perro, los domingos bien temprano, los lápices de colores, los gorros de lana, caminar sobre las hojas crujientes, tomar un mate, mis espacios, la magia de las luces de navidad, los colores y los matices, sacar muchas fotos para luego revivir los momentos cuantas veces quiera, preparar el desayuno a mi hija, la ducha después de un día largo, una copa compartida, caminar descalza, sentir el pelo al viento, la primavera, la nieve sobre los árboles, la cena en familia, los domingos en casa de la abuela, el sabor salado del aire a orillas del mar, el sonido de las olas, las luces de la noche, la luna, el calor del sol por la mañana, una charla entre amigos, escribir, desayunar con pizza, un viaje, el regreso, otro viaje, conocernos mejor, las lágrimas compartidas, los besos sin motivo, los mensajitos anotados en una servilleta sobre la mesa, jugar con mi perro, reír a carcajadas con sus chistes tontos, su mirada llena de amor, las líneas de mis manos que hablan de la vida, mi viejo hablando en italiano, mi mamá con su amorosa compañía ayudándome a crecer cada día, las flores de camino, la florería de acá a la vuelta, los goles de mi equipo de fútbol, las palabras detrás de una mirada, los abrazos que funden pechos, los amigos que existen sin tiempo, los proyectos, las oportunidades, los desafíos, la memoria que me permite ver cuánto hice para llegar hasta acá, cuando me acuerdo de un sueño, cuando veo a mi hija dormir tranquila, cuando me ayudas a soñar despierta, la incondicionalidad de mis hermanos a pesar de los tiempos y las distancias, despertarme con los saltos de mi perro sobre la cama, un tecito a media noche, regresar del trabajo caminando bajo las estrellas, mis libros, los libros nuevos que me esperan, los pinceles, la sensación tibia de las bufandas en invierno, los paseos por las ferias, el agua del río, las montañas en el horizonte, la gente por la noche, este momento porque jamás volverá a repetirse … gracias!

Te animás a hacer tu recuento de instantes? te aseguro que vas a encontrar un montón de cosas bellas por las cuales estar agradecido!

Lore

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las muchas formas del amor

Semillitas de amapola, harina integral, clavo de olor, canela, nuez moscada, cardamomo, mascabo, avena, manzana, macerado de té de rosa canina+manzana+flores de girasol … torta en camino! amor a mi familia con aromas dulces que revolotean por la casa! ❤

Hay tantas formas de mostrar amor como puedas imaginar. El amor es algo universal, a los amigos, pareja, hijos, padres, familia, vecinos, mascotas, a nosotros mismos, al lugar donde vivimos, donde nacimos, a causas, ideales, trabajos, la lista se hace interminable.

Cuando amamos de manera Universal nos transformamos en el amor mismo, el objeto amado ya no importa sino el amar, porque cuando lo hacemos deja de ser un acto automático para ser una actitud consciente.

Un gesto dulce, recordar eso que tanto le gusta, tomarse de la mano, una caricia inesperada, un “cómo te sentís?”, un beso sin motivo, escuchar atentamente, observar y cuidar, saber esperar, respetar los espacios, confiar, aceptar, defender, proteger, soltar … seguro vos podrías seguir agregando cosas en esta lista de formas de mostrar amor.

El amor es algo extraordinario, la fuerza capaz de hacernos renacer una y mil veces.

El amor a los demás es fantástico, más todavía el amor a uno mismo. Como dar aquello que no podemos darnos ni siquiera a nosotros mismos?

Cuando cultivamos el amor propio, amar a los demás es una consecuencia natural, fluye de un modo relajado, el amor nos transforma cuando nos permitimos SER amor. Logramos amar sin ayer, sin hoy, nos instalamos en el AQUI y AHORA amando de manera dinámica y al mismo tiempo nos relajamos, soltamos las ansiedades, amando de un modo amplio, generoso, ilimitado.

Amor sin condiciones, sin prejuicios, sin juicios, libre de ataduras, sin expectativas, amaro por el simple hecho de SER amor, de hacerlo nuestra naturaleza, como cuando somos niños, con ojos de primera vez, cada vez.

Cuando nos zambullimos en el camino a la sabiduría, al crecimiento interior llegamos a conectarnos y a ejercitar la compasión, que es la actitud amable, amorosa e incondicional para con los demás. Cuando esto lo ejercitamos también para con nosotros mismos, es lo que llamamos autocompasión. Y todo esto sucede de forma natural, sin ser nuestro objetivo, esto simplemente nos sucede.

Y cuando transitamos el camino de la compasión, naturalmente llegamos a la sabiduría, no es esto maravilloso?

Compasión y sabiduría van de la mano, una no puede existir sin la otra.

Aclaremos, compasión no es resignación sino la aceptación consciente, incondicional y amable del otro y de nosotros mismos, es abrazar y abrazarnos con ternura y sin juicios de valor.

Tanto por una torta? claro que sí! en las cosas simples reside siempre la posibilidad de amar. No son necesarias las ceremonias, el amor está en dar (y darnos), no eso que nos sobra, sino aquello que nace del corazón y sin esfuerzo. El amor no necesita de esfuerzo, simplemente ES.

El Dalai Lama nos dice:

“si quieres hacer felices a los demás, practica la compasión.

Si quieres ser feliz tú mismo, practica la compasión”

Lore ❤

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El dedo acusador vs la mirada amorosa

Qué pasaría si nos detuviéramos a observar? eso, simplemente ver sin juicio…

Todos sabemos que históricamente la forma de manipular a la gente ha sido a través de la culpa o el miedo. Seamos sinceros, si nos miramos a nosotros mismos en un espejo y sin testigos, muchas cosas que hacemos o dejamos de hacer, más que estar regidas por un sentimiento de empatía hacia el prójimo, simplemente están vinculadas a nuestros muchos intentos por tratar de evitar los sentimientos de estar en falta, a la posibilidad de pérdida (no somos dueños de nada porque todo es transitorio y está bueno recordarlo) o a la posibilidad de sentir dolor.

Nos pasamos los días tratando de evitar tomar contacto con estos sentimientos; otras veces simplemente confrontamos antes de dar el espacio suficiente, simplemente porque ésto está dentro de las reacciones naturales del hombre: enojarse o atacar aquello que no comprendemos y porque ante la posibilidad de conectarnos con estas emociones ponemos distancia a través del enojo o la violencia.

Existe la generosidad sin apego al resultado? es un buen tema para reflexionar, pero no es el motivo de esta nota.

Desde pequeños escuchamos que si hacemos esto o lo otro nos sucederá aquello o lo de más allá, sin permitirnos evaluar la realidad por nuestros propios medios a través de la experiencia personal. Vamos creciendo temerosos de nuestros pasos, aun cuando creemos ser libres nos pasamos la vida intentando ser aceptados por miedo al rechazo si tenemos el valor de ser diferentes. Pero acaso pensaste que todos somos diferentes? Y no es eso genial?! 

Esto generalmente, se relaciona con la forma en que hemos sido criados, nuestro entorno cultural, el lugar geográfico donde hemos nacido con sus particularidades, costumbres y parámetros morales, la religión bajo la cual hemos crecido y sus preceptos; el concepto de bien y mal, de correcto o incorrecto, de blanco o negro (cuando la vida es multicolor!), de ellos o nosotros, todo esto es tan subjetivo como variables encontremos en la  diversidad humana. Nuestra necesidad de pertenencia hace que por todos los medios nuestras acciones estén sujetas a la búsqueda de aceptación, a conseguir la palmada en la espalda, un like más, de lograr reconocimiento, de ser parte para no así quedarnos solos.

Incluso cuando no comprendemos, si logramos atravesar el prejuicio, si podemos abrir los brazos amorosamente cerrando los ojos, podremos ver al SER que habita en cada uno de nosotros, con sus perfectas imperfecciones, con todo aquello que lo conforma y que lo hace único.

Si nos proponemos observar sin prejuzgar, sin señalar con el dedo acusador, veremos que cada persona es un universo infinito … Y quién somos nosotros para juzgar sin haber caminado los mismos zapatos por mil kilómetros?

El ser humano es algo maravilloso, nunca dejo de asombrarme, me detengo, miro abro los ojos, los oídos, trato de desmenuzar profundidades, de comprender, de acercarme, de amar las diferencias y aprender.

Cada uno elige para sí mismo el modo de vivir la vida, mientras esas elecciones no dañen a nadie, te propongo ejercitar la observación, admirar con desapego, el descubrir los rincones del otro, a dejar de lado el miedo, te invito a ver su humanidad sin filtro, quizá te lleves una bella sorpresa …

Lore 

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Ayudar o Intervenir

Cuantas veces nos encontramos en situaciones donde quisiéramos intervenir para cambiar algo en la vida de quienes amamos? Suele pasar que vemos o creemos que intervenir, intentar modificar, señalar y hasta criticar (crítica constructiva le llaman) es un gran aporte a la vida del otro, que haciéndolo le estamos evitando algún dolor o experiencia desagradable, que lo estamos rescatando de algo o de alguien.

A veces pensamos cosas como “pero es que no se da cuenta?” o “le voy a avisar para que abra los ojos” o “pero si es mi amigo, cómo no le voy a decir?” o “yo ya pasé por eso, le tengo que anticipar”. y muchos más etc.

Ahora, esa intervención tiene que ver realmente con el amor hacia el otro o simplemente se trata de nosotros mismos tratando de ser rescatadores para sentirnos bien? por otra parte, antes de intervenir, me detengo a pensar si con mis acciones le estoy ayudando al otro o lo estoy privando de una experiencia que lo ayudaría a crecer?

El crecimiento y aprendizaje nos suceden de forma empírica, sin juzgar si esto es agradable o no, siempre se aprende y crece a partir de la experiencia personal; es decir, por más ganas que tengamos de transmitir nuestra experiencia, no existe forma ni palabras capaces de reemplazar la experiencia real, por eso debemos dejar que cada uno haga la propia, que construya su propio camino.

Veamos la diferencia entre ayudar e intervenir: cuando alguien nos pide ayuda, es el otro quien está dando el primer paso, quien nos abre la puerta y nos permite entrar, esto es, puedo intervenir porque alguien me ha dado permiso.

En cambio, si nadie nos invita, sólo se trata de meternos en la vida del otro y esto es una falta de respeto a sus capacidades, a su juicio, nos estamos poniendo por sobre el otro, creemos que “lo sabemos o entendemos mejor, es por su bien” …. Pero, es realmente así? he caminado sus zapatos y pasado por las mismas baldosas como para saber si estoy en lo cierto?

Todos tenemos recetas para mejorar la vida del alguien verdad? jejeje! y si comenzamos por la nuestra?

Debemos medir el alcance de nuestras intervenciones y evaluar mucho si éstas son realmente es necesarias. Por supuesto no vamos a dejar que quienes amamos se hagan daño, por lo menos no algo irreparable, pero muchas veces el verdadero amor está en permitir la experiencia y acompañar con amor, cualquiera sea el resultado.

Lore

amoroso